sábado, 21 de octubre de 2006

Paola

Se trata de la hermana del novio de Mary la mamá de mi Bebito, es decir, la "tiastra" de Ricardo.
Hace casi dos semanas, Mary -mi suegra- llamó a mi Bebito para pedirle (ordenarle, que es su estilo muy particular) que dispusiera del fin de semana del puente para recibir y atender a Paola, su cuñada, y a una amiga que venía deNueva York, de Queens exactamente. Me comentó, me pareció aburrido, pero igual frente a la orden no había ya nada por hacer. Y sin recursos propios, pues ni hablar. Tendríamos visita el fin de semana.
El sábado en la tarde -con mucho sigilo- Mary llamó de nuevo a Ricardo, le comentó que debíamos (ya estaba yo incluido en la colada) ser muy amables con la visita porque Liliana, la visita proveniente de Queens, fue especialmente atenta con ellas (Mary y Juliana, su nieta -me mata si ve que le digo abuela) cuando estuvieron a mitad de año allí de vacaciones. Además le hizo jurar a mi Bebito, si hubiera podido sobre la biblia, que no diría a nadie que Liliana era la mujercita de Paola. Je je je, ¡qué risa! Era algo previsible por cuanto mi Bebé conoce desde hace mucho tiempo la preferencia sexual de su tiastra. Faltaba ver que ella conociera la nuestra, lo que asumíamos completamente puesto que Fredy -su hermano, el novio de Mary, el padrastro de mi Bebé (me va a matar por escribirlo)- ha debido ponerla al corriente desde hace mucho tiempo. Además de mi existencia, ya muy familiar y frecuente entre ellos.
El sábado en la noche no salimos, el domingo nos levantamos relativamente temprano, después de desayunar hicimos trasteo de ropa, mi Bebé para el apartamento de Diana Victoria -su hermana-, yo para el de mi Mamá. Almorzamos donde Mamá y después salimos al aeropueto a recoger a Paola. De allí a descargar maleta en el apartamento de Diana Victoria, después a mercar en Carrefour (no había NADA en la nevera). Olvidé comentar, Diana Victoria -la hermana de Ricardo, mi cuñada, la hija de Mary, sobrinastra de Paola- estaba desde el miércoles en Pereira, de paseo-congreso. Durante el mercado, Paola compró ramo de flores para recibir a su mujercita, con quien completa una relación de más de seis años. Camino al aeropuerto, indagué sobre su vida, sobre la forma en que se conocieron, sobre su relación.
Justo antes de la salida de Liliana, temblaba de los nervios, fumaba con desesperación, parecía una chiquilla adolescente llena de angustia y excitación. Ella, después de abrazarla y besarla, entregó el ramo de rosas y cartuchos. Nosotros le entregamos un capuchino que acabábamos de comprar en Juan Valdez. Hacía un frío de mil demonios.
Liliana tiene 33 años, pereirana, vive desde los 19 en Nueva York. Trabaja en el aeropuerto de Newark con Continental, cargando y descargando aviones. Es de contextura normal para su edad, un poco abundante en busto, de cabello negro, largo larguísimo. Una persona muy femenina (quién lo diría para ese trabajo) y agradable. Muy medida en sus comentarios, excesivamente prudente en su forma de ser. Definitivamente la mujercita de la relación (perdón por el estereotipo). Por su parte Paola, una mujer bonita, frentera, un macho de cabello largo castaño ensortijado, de esos con los que uno se siente bien protegido. Abundante en carcajadas. De trato chabacán y agradable (!), menos gruesa que su novia, muy emotiva y poco cautelosa con lo que dice.
Tengo la impresión de que el viaje era como de reconciliación o de confrontación. Paola lleva un mes largo en Pereira y -a mi parecer- retó a Liliana para que vineira a atizar la llama del amor. Y lo logró.
Fuimos a descargar en el apartamento. Salimos de rumba, pasando primero a comer algo antes. Ellas corrieron con todos los gastos, nosotros no teníamos cómo. Fuimos a sungay de Cha Chá. Fuimos los últimos en entrar, qué desepero, cantidad de gente conocida y desconocida, mucha farándula. La música -extrañísimo- malísima, no había crossover y el ambiente -extrañísimo también- aburridísimo, no estaba para bailar, solo para sollar y eso no era lo que queríamos. Nos tomamos un vodka (he de decir, mini vodka), y salimos despavoridos.
Buscando llegamos a Fercho´s. Allí el ambiente era bien diferente, más acorde con los deseos y la intención. Allí compraron media de Absolut. Bailamos como locos. Coqueteamos como nunca. Estábamos rendidos. Liliana no dejó de cabecear mientras estuvimos allí (llevaba más de 24 horas sin dormir). Paola sacaba energía de quién sabe dónde diablos. Saltaba, gritaba, cantaba. A las dos y media de la mañana la sacamos de allí casi a rastras. Estábamos molidos.
El lunes, a pesar de querer madrugar, nos levantamos cerca del medio día. Desayunamos y nos fuimos de paseo al norte. Comimos postres deliciosos (el guanabanón Paola se lo hizo preparar como le dió la gana) entre Cota y Chía. Por la nueva variante fuimos a Zipaquirá. Entramos a la Catedral de Sal. Es como mi séptima visita y siempre me conmueve el espíritu y los sentidos. Además tuvimos un guía maravilloso. De allí salimos a buscar gallina criolla, que era un antojo que traía Liliana desde la Gran Manzana. Nos fue mal, resultamos en un comedero en la plaza de mercado, buen sabor pero fría y mal servida, rodeados de perros espantosos.
Hablando de perros, ese fue el karma.
La lesbipareja ha desborado todo su sentimiento maternal en el cuidado de sus perros y en la causa de la defensa de los animales. Saliendo de la salina, en el parqueadero, había un carro con un perrito adentro. Paola casi desbarató el carro arguyendo que el perrito estaba muriéndose allí encerrado, que qué colmo de gente, que qué hijueputez tan malparida la de los dueños del canchoso. Almorzando, los grandes beneficiarios de las abundosas carnes de la gallina fueron los cánidos espantosos que nos rodeaban. Todo aquello acompañado de los incesantes vituperios en contra de todo el posible establecimiento, desde los organismos estatales hasta las más miserables familias.
Mi concepto muy particular, con relación a las mascotas, es que todo ese cariño uno lo debe canalizar en los congéneres humanos, ya bastante maltrechos por el hambre, la guerra y las calamidades del tercer y cuarto mundo. Yo tendría un perrito, si tuviera con qué pagar un negrito que lo mantuviera a punto de consentirlo y quererlo sin sufrir sus más básicas necesidades. He dicho (esto me costará la cabeza). Aclaro: no estoy en contra de los dueños de mascotas, siempre y cuando tengan el justo equilibrio de su cariño entre sus prójimos y las bellas criaturas de la naturaleza, pero sí detesto a todo aquel que antepone el interés animal por encima de la necesidad del congénere. Lo digo con conocimiento de causa, habiendo vivido más de la mitad de mi vida entre unos y otros, animales y congéneres, dueños y alienados.
Bien, en la noche, cansados, preparamos tornillos con lo que quedó de la gallina y champiñones. Y dormimos en espera de la nueva semana laboral.
El martes llovió todo el día. Ellas se dedicaron a "adelantar cuaderno" y a acumular amores, solas en el apartamento. El miércoles, a las siete de la mañana las dejamos en el aeropuerto Eldorado. Una de vuelta a Newark, y la otra camino a Matecaña.
Fue nuestro primer fin de semana lesbiánico. Reconozco que a pesar de los perros, la pasamos bien. Muy queridos, muy de la casa, muy atentos, linda la fiesta, regia tu mamá, las matas de un verdor espectacular, en fin...
...
El cambio en el tamaño de la letra, corresponde a mi nueva ancianidad, que ya me dificulta leer el menor tamaño. Mil disculpas por eso.
Estoy esperando a mi Bebito, a ver si pasamos rico el poco tiempo que ahora compartimos por efectos de la cruel separación.
Adoro a mi Bebé. Amo a mi Bebé. Mi Bebé me quiere mucho.